Monday, May 19, 2008

Extracción de leña

En el pasado se usó leña de manera importante para alimentar hornos de reverbero para procesamiento de minerales, así como para consumo doméstico. En la actualidad, este último uso sigue vigente, en especial en zonas rurales o donde el gas no puede ser adquirido. Estos usos pueden ser comparables al pastoreo en cuanto extraen o pueden obtener de manera conservadora los materiales periódicamente producidos por las plantas (producción primaria).


El que el uso sea conservador o no depende de cómo se cosecha la leña. Si se corta sólo la parte aérea (troncos y ramas), sabemos que la mayor parte de los arbustos –por ejemplo litre, quillay, boldo- puede regenerarse completamente, si es que se les da el tiempo para ello. En este caso se está haciendo un uso relativamente conservador de la vegetación. Pero si además de las partes aéreas se extraen las raíces principales -lo que significa aumentar la cosecha de leña con poco esfuerzo adicional- la mayor parte de los arbustos no se regenera y el uso es destructivo. En este caso, la recuperación de la vegetación no puede ser a partir de las raíces ya instaladas, sino que debe ser por colonización desde lugares en que queden árboles productores de semillas.

Actividades mineras

De manera simplificada, la extracción a cielo abierto de un mineral implica la retirada de toda la materia vegetal o mineral que cubre el yacimiento -independientemente de que sea roca, tierra o un bosque- para luego cargar el mineral y llevárselo. Al realizar todas estas operaciones se utilizan explosivos, maquinaria pesada, retroexcavadoras, perforadoras, camiones, etcétera. El primer impacto es la apertura de pistas para que todas estas máquinas accedan al lugar de la explotación y los camiones puedan transportar el material extraído.


Impacto sobre la fauna y la flora


La actividad minera destruye la vegetación e invade el espacio de las especies animales, destrozando su hábitat, sus nidos y criaderos, hasta el punto de impedir la propia reproducción y la supervivencia de las especies. La ausencia de tareas de restauración del suelo y regeneración de la cubierta vegetal una vez abandonados los puntos de extracción significa que pasarán muchas décadas o siglos antes de que se alcance un grado adecuado de regeneración natural de los hábitat de estas especies.

Impacto sobre la atmósfera


A consecuencia de las voladuras, los movimientos de tierra y la circulación de máquinas y camiones se genera una extensa nube de polvo que poco a poco se va depositando sobre las plantas, dificultando su desarrollo. Allí donde la explotación minera se halla próxima a los núcleos de población, las grandes cantidades de polvo en suspensión pueden causar alteraciones en la salud humana.




Impacto sobre las aguas

Por una parte, la destrucción de la cubierta vegetal impide la filtración de las aguas, contribuyendo a la desecación de acuíferos y manantiales. El mismo fenómeno produce un fuerte escurrimiento en las laderas, que acaba por arrastrar al fondo del valle la tierra de escombreras y caminos, con el consiguiente taponamiento de los arroyos. Por otra parte, la propia destrucción del suelo conlleva la rotura de los acuíferos, formándose -en muchos casos- grandes bolsas de agua dentro del hueco dejado por las explotaciones.

Es importante destacar la contaminación directa de las aguas, producto del vertido de minerales o productos derivados del proceso de extracción o tratamiento de los minerales, que alteran las propiedades químicas y físicas del agua, produciendo alteraciones significativas en el hábitat de las especies acuáticas y muchas veces elevando su mortandad. Hay que recordar que el fenómeno anterior se puede producir también por escurrimiento de lluvias o crecimiento estacional de ciertos cauces, los cuales producen filtración desde las escombreras o relaves directamente hacia los cursos de agua o acuíferos subterráneos.

Todos estos efectos perjudiciales sobre la fauna y la flora, sobre la atmósfera y sobre las aguas superficiales y subterráneas imponen un grave problema a los habitantes de los pueblos mineros, al hipotecar seriamente las posibilidades de un futuro alternativo. Toda esta destrucción no sólo supone la pérdida del patrimonio paisajístico, crucial para un buen desarrollo del turismo rural, sino que además conlleva la desaparición de valiosísimos ecosistemas que hoy día permitirían el desarrollo de un modelo de vida rural alternativo, basado en el aprovechamiento racional de los recursos forestales, ganaderos, agrícolas, medicinales y turísticos.

La alternativa a la minería de cielo abierto es la extracción por interior de la mina, sistema que puede proporcionar más puestos de trabajo con menos efectos negativos para el entorno natural.

Las centrales hidroeléctricas y embalses


Una central hidroeléctrica produce electricidad utilizando el agua para mover la correspondiente turbina y producir electricidad. Ante la necesidad de sustituir la energía de origen fósil y nuclear por otras fuentes menos contaminantes y renovables, estas centrales han experimentado un auge en los últimos tiempos.

Impacto sobre el paisaje


Para la construcción de una central hidroeléctrica es preciso realizar importantes movimientos de tierra, con el fin de construir la presa y los caminos de acceso. Estas obras tienen lugar generalmente en parajes muy apartados y abruptos y, por lo tanto, muy bien conservados. Ello ocasiona fuertes impactos visuales, problemas de erosión y una completa transformación de la imagen habitual del paisaje.

Por otro lado, en la mayoría de los casos el problema se agrava al instalarse tuberías forzadas sobre apoyos de hormigón, canales e instalaciones auxiliares y tendidos eléctricos. De esta manera, paisajes inalterados y primitivos quedan transformados de forma brutal e irreversible.

Impacto sobre la vegetación


La construcción de la presa trae consigo la destrucción de la vegetación de ribera. La construcción de caminos, canales y tuberías también conlleva un apreciable grado de eliminación de la vegetación. Por otro lado, al facilitarse el acceso a zonas que antes estaban apartadas y poco concurridas, se incrementa el riesgo de incendios y la acumulación de basuras. Pero el mayor impacto sobre la vegetación se produce como consecuencia de la derivación de aguas en la cabecera de los ríos, y que deja secas las gargantas de éstos durante la mayor parte del año, lo que provoca la pérdida de sitios como vegas y poblaciones de árboles en un breve lapso de tiempo.



Impacto sobre la fauna


Las bruscas oscilaciones del caudal que circula aguas abajo de las turbinas tienen efectos muy graves sobre las comunidades fluviales, en especial sobre los macroinvertebrados y sobre los peces. Estas oscilaciones del caudal se deben al régimen de regulación hidráulica necesario para el funcionamiento de las turbinas, ya que generalmente el aprovechamiento eléctrico no es constante sino que se ajusta a la demanda de electricidad.


La mayor parte de los animales fluviales están adaptados a un tipo concreto de velocidad de las aguas: hay especies que prefieren las corrientes y otras que necesitan aguas de movimiento lento. Pero en los ríos sometidos a aprovechamiento hidroeléctrico, el caudal puede volverse hasta veinte veces mayor o menor en un tiempo de solo un minuto, y hay muy pocas especies capaces de sobrevivir en condiciones en las que se alternan cortos períodos de aguas de fuerte corriente con otros en los que se seca gran parte del cauce y sólo quedan tramos de movimiento lento.


Cuando el nivel del agua aumenta súbitamente, cada vez que las turbinas comienzan a funcionar, se produce el arrastre de un gran número de invertebrados que viven en el lecho del río. Por el contrario, cuando disminuye el caudal, muchos animales quedan en seco y los peces de mayor tamaño se ven intensamente afectados, tanto porque necesitan una profundidad mínima de unos treinta centímetros para poder desplazarse, como porque quedan indefensos frente a los predadores.


También se produce una importante mortandad de peces cuando éstos atraviesan las turbinas de la instalación, siendo esta mortalidad función del tamaño de los peces: un 10% para peces de 4 centímetros, y un 70% para animales de 18 centímetros, según algunos datos disponibles. Los recursos alimentarios de los peces también se ven indirectamente afectados, ya que su dieta está basada en los invertebrados que habitan los fondos fluviales y que, como hemos visto, sufren graves perjuicios debido a la regulación de caudales.


Hay otro grupo de problemas que se deriva de la necesidad de limpiar los sedimentos que se acumulan en la presa, para lo que se sueltan aguas de fondo que arrastran consigo dichos sedimentos. Estos materiales finos suspendidos en la corriente producen daños por abrasión en la piel de los animales acuáticos, además de depositarse en las branquias de los mismos, lesionando su sistema respiratorio. Y no menos importante: estos sedimentos finos de depositan también en el lecho del río, recubriendo todo su relieve natural y colmando las pequeñas fisuras e intersticios que son tan importantes como alojamiento para huevos y como refugio para larvas y alevines.

Impacto sobre la calidad de las aguas


Durante la construcción del embalse se alteran las características físicas del agua y se enturbian los ríos durante largo tiempo. Las condiciones naturales del agua de estas gargantas se ven profundamente alteradas al verse embalsadas y sometidas a procesos mecánicos.

De forma general, las explotaciones hidroeléctricas –pese a resultar preferibles frente a otros sistemas de producción energética como son las centrales nucleares o las térmicas- no son inocuas para el medio fluvial sino que los ecosistemas propios de los tramos de río contiguos sufren profundas alteraciones difícilmente reparables.


Nuestro propio efecto y cómo minimizarlo

A lo largo de los puntos anteriores hemos ido viendo cómo una amplia variedad de vicisitudes sociales, económicas y políticas han ido produciendo una ocupación –o al menos una explotación cada vez mayor- de los territorios de montaña, y cómo, debido a las peculiares características de inestabilidad y fragilidad propias del medio montañoso, prácticamente todas estas intervenciones humanas han tenido y siguen teniendo unos efectos rápidos y a duras penas contenibles de degradación y deterioro.


Ha llegado el momento de mirarnos y de ver qué efectos tienen nuestras propias actividades sobre el entorno y sobre las montañas. Se trata de tomar conciencia de los problemas que causamos al ecosistema montañoso para encontrar los modos de minimizarlos.


Los problemas que causamos los visitantes de las montañas no son cualitativamente graves si los comparamos con la actuación de maquinaria pesada, por ejemplo. Sí pueden llegar a serlo cuantitativamente, porque cada vez somos más y más, y todos queremos ir a los mismos lugares... muchos efectos pequeños se suman para formar uno grande que a veces puede llegar a ser inmanejable.


Tal vez nuestro mayor pecado no es tirar papeles o espantar a las aves. Es, más bien, uno de omisión o de complicidad, que tiene que ver con quedarnos ahí sentados mientras personas con mucha ignorancia o pocos escrúpulos van deteriorando las montañas.

Impacto sobre el suelo

¿Qué es el suelo?


El suelo es mucho más que una capa dura e inerte que recubre la tierra y que nos sirve para caminar por encima. Es la superficie de contacto entre el mundo mineral y la biósfera, y representa nada menos que la base de toda la vida terrestre, ya que en el suelo crecen las plantas, que a su vez forman el primer eslabón de las cadenas tróficas.


El suelo es en realidad una estructura viva y compleja, producida y mantenida por las interacciones entre las rocas, el agua, el aire, la luz y los organismos vivos. La fracción sólida del suelo consta a su vez de elementos minerales (piedras, gravas, arenas, limos, arcillas) y orgánicos (organismos vivos y materia orgánica muerta). Los poros que quedan entre las partículas sólidas retienen agua con sustancias disueltas y también aire.


Los suelos no tienen una composición uniforme sino que están estructurados en capas u horizontes superpuestos. La capa en contacto con la atmósfera se denomina horizonte orgánico porque sobre él se van acumulando todo tipo de restos orgánicos: hojas, ramitas, plantas muertas, frutos caídos y cadáveres de animales grandes y pequeños. La acción de los organismos que viven en el suelo hace que las capas inferiores de este horizonte orgánico se descompongan lentamente hasta formar el humus, en el que los restos son ya irreconocibles.


El conjunto de la capa orgánica (que suele denominarse horizonte 0) es fundamental para el buen estado de los suelos, ya que amortigua el impacto que la lluvia, el pisoteo y otros factores erosivos ejercen sobre los horizontes minerales subyacentes. Además, es una importante zona de actividad biótica y favorece la retención del agua de lluvia.


El agua, el aire y los agentes químicos derivados de las descomposiciones orgánicas se van infiltrando hacia las capas inferiores del suelo, provocando su alteración química o meteorización. La intensidad de la meteorización es máxima debajo de la capa orgánica y mínima en el nivel de la roca madre, que apenas sufre influencia alguna procedente del exterior. Entre el horizonte orgánico y la roca madre se distinguen generalmente varios horizontes de propiedades intermedias y ello depende del grado de evolución del suelo, de la naturaleza de la roca madre, de la latitud y la pendiente, entre otros factores.

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