Monday, May 19, 2008

EL CLIMA Y LAS MONTAÑAS EN CHILE...


¿QUÉ SON LAS MONTAÑAS?

Por Gerardo Saffer K.
Instructor de Montaña
Proyecto PROTEGE
Año 2000


Las montañas y las tierras altas de más de 1.000 metros ocupan alrededor de una quinta parte de la superficie terrestre que emerge de los mares. Proporcionan soporte físico directo a una décima parte de la población humana e indirecta a más de la mitad de todos los seres humanos -unos 3.000 millones-, que reciben o extraen de las montañas agua, elementos combustibles, energía eléctrica, diversos minerales, productos alimenticios y medicinas.



Chile es un país de montañas

Basta que nos situemos en cualquier punto de nuestro territorio y siempre tendremos un monte a la vista. Aproximadamente el 80% del territorio chileno corresponde a zonas montañosas.
Chile emergió con la Cordillera de los Andes; se estima que el plegamiento andino se produjo a fines de la Era Secundaria, esto es, unos 100 millones de años atrás, formando un bloque continuo.

A través de los milenios, los macizos se fueron transformando en suaves lomajes, interrumpidos por altos volcanes en actividad. En tiempos posteriores terminó el volcanismo, el cual se reinició en la Era Terciaria, 70 a 13 millones de años atrás, manteniéndose hasta nuestros días.

Los trastornos tectónicos levantaron nuevamente la tierra a grandes alturas, con mesetas y valles entre las cordilleras de los Andes y de la Costa, a excepción de los desiertos del norte, donde la meseta intermedia se levantó junto con los cordones marítimos.


El ecosistema montañoso

¿Qué características principales explican lo que es una montaña?


Sin duda, la altitud y la pendiente. Pendientes que vencen desniveles para llegar a cumbres elevadas: eso es lo que hace a las montañas tan diferentes de las tierras bajas y de los valles.
Cuando ascendemos una montaña, la temperatura desciende un promedio de 0.5 grados centígrados por cada cien metros verticales. Es como si, desde el punto de vista climático, nos alejáramos en dirección al polo geográfico más próximo: por cada cien metros que nos elevamos en una montaña, el efecto sobre el clima es comparable a haber recorrido unos 150 kilómetros en línea recta hacia el sur, suponiendo que nos hallemos en el hemisferio sur. Por lo tanto, una gran montaña viene a representar una especie de “concentración” de las diferentes bandas climáticas latitudinales que se reconocen en el globo terrestre.


El amplio espectro climático de una gran montaña se diversifica aún más debido a otros factores como la orientación y los trazos grandes y pequeños del relieve (barrancos, laderas, valles, formaciones rocosas, precipicios) que condicionan la existencia en las montañas de una enorme gama de microclimas que suponen otros tantos entornos, aptos para la vida de un rico abanico de plantas y animales con necesidades y preferencias específicas.

En otras palabras, la diversidad de ambientes permite y condiciona la existencia de una variedad de ecosistemas propios del medio de montaña, y cuya originalidad e importancia consiste en reunir no sólo ciertas especies de plantas y animales propios de las bandas climáticas frías, sino además de una multitud de especies o variedades que viven única y exclusivamente en ciertas zonas de montaña, y que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo; y todavía un tercer grupo de seres vivos que tuvo una amplia distribución que incluía las tierras bajas y que hoy se refugia en las alturas, debido a una pérdida de sus territorios ancestrales a causa de la presión humana.

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