Saturday, June 30, 2007

La Península Antártica.

Los impactos que se han generado por el CCG en la Península Antártica merecen un comentario especial. Como consecuencia de las mayores temperaturas, las barreras de hielo en el Mar de Weddell han colapsado parcialmente, generando gigantescos témpanos o ‘islas de hielo’ de decenas de km de longitud, y probablemente no puedan regenerarse en un futuro previsible.


También ha ascendido fuertemente la línea de nieve climática regional, particularmente en la costa occidental de la Península Antártica, entre 100 y 200 m en tan solo los últimos 15-20 años. Ello ha generado un sensible aumento de las áreas rocosas descubiertas cerca del nivel del mar en el verano austral, provocando un importante aumento de las áreas de posible colonización por pingüinos y otras aves marinas, lo cual redundará en fuertes incrementos en las respectivas poblaciones, posibles migraciones y otras consecuencias ecológicas de difícil predicción.

Pero también provocará la paulatina desaparición de muchos pequeños glaciares en las cercanías del nivel del mar, asfixiados por la reducción de sus cuencas de acumulación, el aumento de procesos de deslizamiento y colapso glacial, el incremento de los aportes hídricos al mar, modificando su salinidad, y la fusión parcial del permafrost. Finalmente, el desplazamiento hacia el norte de la Corriente Circumpolar Antártica como consecuencia del CCG podría provocar impactos oceanográficos, climáticos y ecológicos imprevisibles en el extremo sur de América del Sur.

Desde hace mucho tiempo se conoce que los impactos del cambio climático global serán mayores en las regiones de altas latitudes; Patagonia, Tierra del Fuego y la Península Antártica son excelentes ejemplos de esto, triste y mudo testimonio de los daños ambientales producidos por la insensatez humana.

La pérdida de los glaciares patagónicos, los cuales probablemente han existido por los últimos 100.000 años en forma continua y que han sido seriamente afectados por la actividad humana en tan solo los últimos 200 años, desde el Evento de Maunder-Spörer o ‘Pequeña Edad de Hielo’, provocará daños incalculables a la actividad turística, hoy en parte dependiente de su existencia y preservación.

En otras regiones de la Argentina, tal como Cuyo y de otras partes del mundo como Chile central; Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia; el Tibet; África oriental, etc., los glaciares y neveros participan además intensamente con su aporte de deshielo en procesos de irrigación agrícola o proveen agua potable para áreas habitadas. Por otra parte, los glaciares del Parque Nacional Glaciares han sido considerados Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, la misma humanidad que los ha condenado en tan breve plazo.

Agradecimientos
Los estudios realizados en la Cordillera Patagónica fueron financiados en distintas oportunidades por CONICET, SECYT, Fundación Bariloche, Universidad Nacional del Comahue, UNESCO, National Geographic Society (EEUU), University of Wisconsin-Madison (EEUU), entre otras instituciones. Los materiales y datos del Monte Alvear, Tierra del Fuego, presentados aquí, han sido obtenidos en el transcurso de trabajos aún en desarrollo en colaboración con la Dra. Andrea MJ Coronato (CADIC-CONICET, Ushuaia) y el Dr. Augusto Pérez Alberti y colegas de la Universidad de Santiago de Compostela, España, quienes además han colaborado parcialmente en su financiamiento.


Jorge RabassaDoctor en Ciencias Naturales (Geología). Profesor Titular Regular, Universidad Nacional de la Patagonia - San Juan Bosco, sede Ushuaia.Investigador Principal, CONICET, CADIC.Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC).

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