Saturday, February 03, 2007

Cumplen con la función de darnos OXIGENO....




UN PLANETA AZUL, UN PLANETA OCEANO...

El planeta Océano.
Héctor Castañeda / Annia Doménech
01-2007


El año 2006 acabó con una avalancha de información sobre el cambio climático sufrido por una Tierra, la nuestra, que se está calentando demasiado. De ello se culpa a la actividad humana, gran productora de los llamados gases de efecto invernadero.

Los gases de efecto invernadero, aunque ahora se han puesto de moda y protagonizan numerosos debates, no son unos recién llegados a la atmósfera. Y suerte de ello, puesto que si históricamente no hubieran retenido el calor, y continuaran haciéndolo, el planeta sería demasiado frío para que la vida que conocemos tuviera lugar.

El problema es que en excesiva cantidad impiden a demasiada radiación escapar al espacio. Dos de los más "temidos" son el dióxido de carbono y el metano. El dióxido de carbono (CO2) es producido durante la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. El metano (CH4) procede de las minas de carbón, los pozos de petróleo y los residuos de animales. La presencia en aumento de ambos en la atmósfera se asocia al cambio climático.

No es la primera vez que ocurre un fenómeno similar. A lo largo de su vida, el planeta ha experimentado oscilaciones de temperatura importantes. Espectaculares glaciaciones, como la reflejada en la película de dibujos animados La edad de hielo, son la consecuencia de uno de los extremos: el frío.

¿Qué ocurre con el otro?

El pasado 26 de diciembre, el diario El País titulaba "2.500 científicos prevén nuevas olas de calor, deshielos y subidas del nivel del mar". En las conclusiones del artículo se afirma que la temperatura ha subido drásticamente durante el último siglo, y que seis de los siete años más cálidos desde que hay registros han sucedido a partir de 2001; que ha habido pérdida de nieve en todo el mundo (en el hemisferio norte un 5% desde 1966); y que el nivel del mar sube por el deshielo de los glaciares y el aumento de la temperatura, 0,8 milímetros al año a partir de 1961.

Los datos recogidos por el periódico proceden de un informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, Intergovernmental Panel on Climate Change), una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la que participan 2.500 científicos. El IPCC defiende que es poco probable que el calentamiento global sea únicamente debido a causas naturales y afirma que los datos ponen de manifiesto una influencia humana en el clima.

Lo grave es que es tarde para cancelar algunos de los efectos predichos. ¿Qué mundo aguarda a nuestros descendientes? Waterworld, la conocida película interpretada por Kevin Costner, muestra una superficie terrestre que podría llamarse oceánica, pues está completamente recubierta de agua. Los hombres habitan una especie de islas flotantes, y sólo cuando finaliza el largometraje aparece tierra firme, aunque no se especifica si se trata de un continente o de una isla más.

Dicho largometraje fue un fracaso en la ficción, pero ¿podría convertirse con éxito en realidad? El ascenso del nivel del mar sería causado por la incorporación de agua procedente de la fusión del hielo de los casquetes polares. La energía para pasar de estado sólido a líquido se obtendría del incremento de la temperatura atmosférica.

Las oscilaciones en la temperatura media de la atmósfera no son un fenómeno desconocido. Hubo períodos en el pasado de la Tierra en los que ésta aumentó hasta en diez grados. Como consecuencia, tuvieron lugar extinciones masivas en las que desaparecieron del 50 al 90 por ciento de las especies terrestres. En cambio, en las llamadas Edades de Hielo la temperatura descendió de tal modo, que gran parte del planeta, actualmente poblada, devino inhabitable, forzando grandes migraciones.

Causas naturales provocaron dichos cambios. Actualmente, y por primera vez en la historia, el hombre parece capaz de modificar el medio ambiente en el que vive, y lo está haciendo. Parece innegable que la civilización industrial, que se nutre de fuentes de energías no renovables con la consiguiente emisión de gases de invernadero, está ocasionando un incremento lento pero perceptible en la temperatura media de la atmósfera terrestre.

La consecuencia más peligrosa podría ser la desestabilización en Groenlandia y la Antártida de las capas de hielo: una bomba de relojería con efecto retardado. Por simple lógica, es fácil comprender que cuando el planeta se enfría, la capa de hielo crece en los continentes y el nivel del mar baja. Ocurre el proceso inverso cuando se calienta. Por ejemplo, en las eras más frías, con la Tierra en promedio a diez grados menos que en el presente, la mayor parte de Canadá y Estados Unidos estaban cubiertos de hielo, mientras que el mar se situaba 120 metros por debajo. En cambio, con una temperatura dos grados más alta, el nivel del mar era cómo máximo de cinco metros más.

En nuestra película, la real, existen diversos escenarios posibles según las opciones que se tomen, que tienen que ser globales, puesto que la atmósfera es compartida por los mismos países que no se ponen de acuerdo. Resulta significativo el éxito de la conferencia-documental Una verdad incómoda, donde Al Gore quien, como él mismo afirma: "solía ser el próximo presidente de los Estados Unidos", explica con gran claridad, y apoyado por un formidable despliegue de medios, el calentamiento global y los complejos fenómenos medioambientales que puede desencadenar. Como es bien sabido, Estados Unidos no ratificó el protocolo de Kyoto: un intento de regular las emisiones de gases con efecto invernadero.

Y es que si la emisión de CO2 continúa durante los próximos cincuenta años, a lo largo del siglo XXI la temperatura global subirá cinco grados. La última vez que ello sucedió, hace tres millones de años, el mar se situaba 24 metros más arriba. De ocurrir, las superficies de países como Estados Unidos, China e India estarían en gran parte anegadas, lo que conllevaría el desplazamiento de cientos de millones de personas.


Ciertamente, hasta alcanzar ese punto, el proceso será lento. Pero una vez que las capas de hielo empiecen a colapsar, el agua subirá un metro cada veinte años. El escenario de Waterworld es, sin duda, absurdo: la tierra no se esconderá nunca completamente bajo el mar. Pero es cierto que la línea de la costa se modificará dramáticamente, y que muchas de las grandes metrópolis desaparecerán. El mundo será distinto.

· Enlace externo:
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Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth)

METEOROLOGIA

EL EXTRAÑO INVIERNO QUE ASOMBRA A MEDIO PLANETA.

Fuente: EL MUNDO 01-2007

El calentamiento global empieza a ser algo más que una simple charla de café en el Hemisferio Norte. Ya en 2006 se vivió un invierno atípico. El otoño se retrasó más de la cuenta y la primavera llegó más pronto. Pero esta situación se ha visto notablemente superada en este curso.
El clima cálido que se ha apropiado de la mitad norte del planeta es especialmente llamativo en los países más septentrionales. Un fenómeno que concuerda con las estadísticas que sitúan el mercurio hasta 4 grados más en el Ártico, mientras que en latitudes mediterráneas ese aumento no ha llegado a 1º.


España, por lo tanto, no ha sufrido tanto los sobresaltos de un invierno atípico como otras capitales europeas, aunque las máximas diurnas han estado cinco grados por encima de la media en enero, lo que ha animado a muchos a bañarse en Santander y otras playas del norte, informa Gustavo Catalán Deus.

Las crónicas que siguen de los corresponsales de EL MUNDO dan muestra de la estupefacción que se ha desatado en la opinión pública de los países más industrializados de Europa y Norteamérica. Y no es de extrañar: muchos están convencidos que se trata del último síntoma del alarmante cambio climático que amenaza a nuestro planeta.

ESTADOS UNIDOS

La primavera llegó a primeros de año a Central Park. Miles de neoyorquinos se trajeron el 'brunch' a la explanada y los cerezos se apuntaron a la fiesta abriendo su flores de par en par, para celebrar el fin de semana más caluroso desde 1878 (19 grados y subiendo).
La pista de hielo era un charco a media tarde, el gondolero del estanque hacía su agosto en pleno enero y los osos polares del zoo se remojaban para combatir el calentón.
En Battery Park, los 'yuppies' del 'downtown' tendían sus cuerpos al sol, y la playa de Coney Island se poblaba de familias enteras con tumbonas. Érase una vez el invierno en Nueva York...
Las instantáneas de la ciudad cercada por nieve parecen ya de otro siglo. Las postales de Central Park cubierto con una sábana blanca forman parte de la mitología o del cine: nada ha vuelto a ser lo mismo desde la última visita de King Kong.


La nieve suele llegar en noviembre a Nueva York, pero este año tuvimos tan sólo una levísima nevada en enero que duró apenas 10 minutos y fue borrada de un soplo por este sol inusual. Ese mismo día, las agencias goteaban la noticia que todo el mundo intuía: 2006 fue el año más caluroso en la historia de Estados Unidos (12,7 grados centígrados, uno más de media del siglo XX y por encima del récord de 1998).
El país que más generosamente contribuye con sus emisiones al calentamiento global es ya el sexto en el ranking de las temperaturas más elevadas. La visión idílica de los lagos helados de Nueva Inglaterra no ha llegado a cuajar este año. En el mítico Walden de Henry David Thoreau, los patos y los gansos siguen esperando la señal que no llega.

RUSIA


Hitler habría firmado un invierno ruso como éste. Si en 1942 los Ejércitos alemanes fueron repelidos y apuntillados por el sablazo del frío moscovita (que alcanzó ese año el récord del siglo con 40 grados bajo cero), hoy los alemanes se habrían puesto a tiro de Moscú bastante más ligeros de ropa, sin necesidad de forrar sus uniformes con aparatosas pellizas y con las botas bien plantadas en la tierra sin nieve.
El invierno no cuaja en Moscú, las nevadas esporádicas se derriten y los meteorólogos se han quedado en blanco. Los termómetros de la capital rusa vienen marcando en estos primeros días del año insólitas temperaturas diurnas de hasta 7 y 8 grados sobre cero, una cota máxima inédita en los últimos 126 inviernos (precisamente desde que se creó el servicio metereológico ruso).


"En Moscú no se registraban temperaturas invernales tan altas desde 1879", asegura a EL MUNDO Tatiana Posdniakova, jefa del departamento de pronósticos metereológicos de la capital.
Los moscovitas viven estos días el invierno más cálido de sus vidas. A nadie se le ocurre vestir gorro de piel, no hay estanques helados para desgracia de los patinadores, y los transeúntes no miden tanto sus pasos sobre las aceras cubiertas de hielo pulido.
En Moscú llueve sobre nevado, lo que impide que cuajen los copos. Algo imposible con temperaturas nocturnas que oscilan entre los -2 y los +3 grados. Los aficionados a las setas están de suerte y vuelven a las andadas cuando ya se habían hecho a la idea de esperar hasta la primavera. En Kaliningrado han aparecido rebrotes en los árboles al calor de los 12 grados diurnos.


El año pasado por estas mismas fechas, el mercurio llegó a marcar en la capital 37 grados bajo cero. Si entonces algunos zoos tomaron medidas tan curiosas como verter cubos de agua caliente en la piscina del cocodrilo, ahora los problemas con los animales son de naturaleza distinta.
A los osos del zoo de Rostov (sur) les ha costado este año conciliar el sueño y sólo se animaron a hibernar la pasada semana. Los de Moscú lo hicieron a finales de diciembre, pero su sueño no es muy profundo y los funcionarios del zoo andan entre ellos con sigilo. "No nos preocupa tanto que se despierten porque aquí tienen bastante comida. Sin embargo, los osos salvajes pueden ser peligrosos si despiertan y no hallan la comida", explica a este diario la portavoz del zoo moscovita, Raisa Koroliova.

REINO UNIDO


Unos cuantos días que simularon la llegada del invierno, otros con niebla para que la ciudad no perdiera su identidad y un poco de lluvia. Un verano donde los 30 grados en el termómetro atemorizaron a la población, donde las praderas cambiaron el verde por el amarillo de los días más resecos, donde en el Metro se aconsejaba llevar agua para luchar contra la deshidratación.
Londres y el resto del Reino Unido han vivido un 2006 caluroso, con unas temperaturas medias que jamás se habían registrado desde 1659, cuando se empezaron a anotar las variaciones térmicas día a día.


Los números son fríos, por más calor que haga. La realidad se siente. El invierno no invita a la bufanda. A primera hora de la mañana el viento es casi de octubre, no de enero, y a mediodía es fácil que el cielo esté luminoso o salpicado de pequeñas nubes y colores rosados.
¿Es Londres realmente esto? "Sin duda, 2006 ha sido un año extraordinario en el Reino Unido en lo que se refiere a la temperatura", dice el científico David Parker, de la Oficina de Meteorología británica.


"Muchos récord se han roto". En julio, la temperatura media fue de 19,7 grados. Esto incluye las madrugadas. Parece poco. Pero esto es Londres. No Sevilla, Madrid, Valencia. En Septiembre, esa media fue de 16,8 grados centígrados. El incremento global, 1,1 grados.
Otra estación, la de Wengen (Suiza), también casi sin nieve. "Este año se han registrado las medias más altas desde que, en 1659, el Central Englad Temperature iniciara sus registros", cuenta el Profesor Phil Jones, encargado por el Gobierno de la Unidad de Estudios Climáticos. Las previsiones para 2007 no son mejores: el año será igual de caluroso o más que el anterior.

FRANCIA


No era un espejismo ni un problema mecánico. Los termómetros de Nimes (sureste de Francia) marcaban el pasado jueves 21 grados de temperatura. Los vecinos no habían conocido nada semejante en el último medio siglo, aunque la incredulidad también es patrimonio de los bañistas de Niza, de los estudiantes de Burdeos y de los turistas de París, donde los meteorólogos se han puesto de acuerdo en afirmar que vivimos a la sombra de la Torre Eiffel el invierno más suave y bonancible desde 1922.

El fenómeno responde al impacto inquietante del recalentamiento planetario. Es decir, un efecto contextual que ha favorecido la instalación de una masa de aire caliente proveniente del sudeste y recubierta a modo de tapadera por la acumulación ordenada y propiciatoria de las nubes.
Es cuanto esgrimen los hombres y las mujeres del tiempo. De otra manera, sería difícil entender los 16 grados registrados en Lyon – una de las ciudades más frías de Francia –, la suavidad del clima en Estrasburgo y el nivel que el mercurio (20º) ha alcanzado en la fronteriza Perpiñán.
La anomalía del invierno ha dejado sin apenas nieve las estaciones de esquí francesas. Contratiempo y resultado de un año, 2006, que aparece en la memoria histórica de Francia como el más cálido desde 1950.


La tendencia podía ir más lejos en 2007, confirmando los informes apocalípticos que maneja Michel Jarraud, secretario general de la Organización Mundial Meteorológica (OMM): "La tendencia al recalentamiento del planeta se añade al efecto de nuevos elementos extremos como las sequías y las inundaciones", explicaba Jarraud sin bufanda ni abrigo en su despacho de Ginebra (Suiza).

"La culpa la tiene el hombre". Especialmente por no haber adoptado medidas preventivas "contra las emisiones de gas que forman el efecto invernadero y que siguen aumentando de manera incontrolada en la atmósfera".

ALEMANIA


Alemania, un auténtico paraíso para los que aman a los taxistas silenciosos, vive días extraños en este arranque de invierno. Los conductores, ya sean alemanes, turcos o libaneses, han sufrido una metamorfosis y su educado mutismo se ha visto transformado en intensos monólogos sobre el extraño clima que sufre el país.
Y no es para menos. Junto al estupor de muchos alemanes, que no saben cada día si agarrar de una vez los guantes, la bufanda y su prenda de abrigo más caliente, o dejarlos para mejor ocasión, ciudades como Berlín o Augsburgo observan atónitas sus termómetros, con máximas de 10 grados y mínimas de 5.


"A estas alturas ya deberíamos estar a 5 grados bajo cero y tendría que haber nieve, ojala fuera siempre así", afirma a EL MUNDO Ellen, una berlinesa de origen bávaro.
Esta extraña 'segunda primavera' también ha servido para alimentar los rifirrafes internos de la gran coalición de cristianodemócratas (CDU), socialcristianos (CSU) y socialdemócratas (SPD), liderados por la canciller Ángela Merkel.
Mientras el ministro de Economía, Michael Glos (conservador), se mostraba públicamente a favor del uso de la energía atómica para poder cumplir con el Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el titular de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel (socialdemócrata), exigía a Bruselas no poner demasiado énfasis en el uso de esta fuente de energía dentro de su programa de medidas.


ITALIA

Lo certificaba el otro día la Universidad de Módena: el pasado mes de diciembre ha sido el más caluroso que se vive en Italia desde al menos 1860, fecha en la que el observatorio geofísico de ese centro comenzó a llevar un control meteorológico. Pero, antes de tener esa confirmación, los italianos ya observaban con inquietud las temperaturas anormalmente elevadas que se están registrando este invierno.
En ciudades como Roma, y hasta hace muy poco, muchos se jactaban de que no habían llegado a necesitar sacar el abrigo del armario, mientras disfrutaban sentados en un terraza de un capuccino. Y aún hoy, al abrigo del sol, es posible saborear un buen café en plena calle sin sentir las dentelladas del frío.


Las estaciones de esquí de Alto Adagio, por ejemplo, están abiertas solo gracias a la nieve artificial, porque de la auténtica sólo ha caído un puñado de copos. Y las tiendas de ropa se quejan de que la falta de frío se ha traducido en una fuerte caída de las ventas.
Pero es a los agricultores y floricultores a quienes, sin dudas, menos inadvertidas han pasado las inusualmente altas temperaturas de este invierno. "Nos encontramos ante una situación extremadamente crítica", sentenciaba el pasado martes Giancarlo Cassini, responsable agrícola de la región de Liguria.


"El calor de estas últimas semanas mantiene con savia a las plantas e impide así su letargo invernal. El calor ha acelerado los tiempos de producción y lo que se produce antes se pierde después", dictaminaba, poniendo como ejemplo cómo las recogida de la aceituna, que normalmente se realiza entre mediados de noviembre y febrero, prácticamente está ya terminada.
Por no hablar de los cultivadores de flores, que están viendo brotar capullos en fechas para las que no existe demanda. O los dueños de invernaderos, que para combatir la humedad generada por este extraño invierno en algunos casos se están viendo obligados a encender la calefacción en sus instalaciones y abrir las ventanas.


BÉLGICA

Como cada año, las mariquitas belgas se cuelan por el resquicio de las ventanas, trepan hasta el techo y vuelan hacia las superficies blancas (si se posan en la mano de una joven, según la sabiduría popular, la chica se casará en menos de un año).
Pero esta temporada, los escarabajos de bonito abrigo han invadido las casas hasta diciembre, junto a mosquitos, moscas y otros insectos improbables. "Se está extendiendo una nueva especie de mariquitas, más agresivas, y, con las temperaturas altas, este año se han movido mucho más", cuenta Johan Bogaert, naturalista experto en este insecto.


El científico relata que sus colegas en Lovaina ya han visto este mes ranas pardas y salamandras, que no suelen aparecer hasta marzo. "Algo está cambiando y aparecen nuevas especies. En Bélgica ahora hay hasta libélulas, lo nunca visto", subraya.
En los 174 años desde que el Instituto Meteorológico Real de Bélgica registra la temperatura, nunca había habido un otoño tan cálido, que también ha seguido al verano más caliente documentado hasta ahora. La temperatura media de septiembre a diciembre, 13,9 grados centígrados, ha superado en más de 1,6 el récord anterior.
"Es posible asegurar, con una proyección estadística, que 2006 ha sido el año más caliente en Bélgica en cerca de 500", explica el meteorólogo Marc Vandiepenbeeck.

Distintos tipos de nubes...





SOBRE METEOROLOGIA......

Meteorología

Es el estudio científico de la atmósfera de la Tierra. Incluye el estudio de las variaciones diarias de las condiciones atmosféricas (meteorología sinóptica), el estudio de las propiedades eléctricas, ópticas y otras de la atmósfera (meteorología física); el estudio del clima, las condiciones medias y extremas durante largos periodos de tiempo (climatología), la variación de los elementos meteorológicos cerca del suelo en un área pequeña (micro meteorología) y muchos otros fenómenos.
El estudio de las capas más altas de la atmósfera (superiores a los 20 Km. o los 25 Km.) suele implicar el uso de técnicas y disciplinas especiales, y recibe el nombre de aeronomía. El término aerología se aplica al estudio de las condiciones atmosféricas a cualquier altura.

Historia

Los estudiosos de la antigua Grecia mostraban gran interés por la atmósfera. Ya en el año 400 A.C., Aristóteles escribió un tratado llamado Meteorológica, donde abordaba el “estudio de las cosas que han sido elevadas”; un tercio del tratado está dedicado a los fenómenos atmosféricos y el término meteorología deriva de su título. A lo largo de la historia, gran parte de los progresos realizados en el descubrimiento de leyes físicas y químicas se vio estimulado por la curiosidad que despertaban los fenómenos atmosféricos.


La predicción del tiempo ha desafiado al hombre desde los tiempos más remotos, y buena parte de la sabiduría acerca del mundo exhibida por los diferentes pueblos se ha identificado con la previsión del tiempo y los almanaques climatológicos. No obstante, no se avanzó gran cosa en este campo hasta el siglo XIX, cuando el desarrollo en los campos de la termodinámica y la aerodinámica suministraron una base teórica a la meteorología. Las mediciones exactas de las condiciones atmosféricas son también de la mayor importancia en el terreno de la meteorología, y los adelantos científicos se han visto potenciados por la invención de instrumentos apropiados de observación y por la organización de redes de observatorios meteorológicos para recoger datos.

Los registros meteorológicos de localidades individuales se iniciaron en el siglo XIV, pero no se realizaron observaciones sistemáticas sobre áreas extensas hasta el siglo XVII. La lentitud de las comunicaciones también dificultaba el desarrollo de la predicción meteorológica, y sólo tras la invención del telégrafo a mediados del siglo XIX se hizo posible transmitir a un control central los datos correspondientes a todo un país para correlacionarlos a fin de hacer una predicción del clima.

Uno de los hitos más significativos en el desarrollo de la ciencia moderna de la meteorología se produjo en tiempos de la 1ª. Guerra Mundial, cuando un grupo de meteorólogos noruegos encabezado por Vilhelm Bjerknes realizó estudios intensivos sobre la naturaleza de los frentes y descubrió que la interacción entre masas de aire genera los ciclones, tormentas típicas del hemisferio norte.

Los posteriores trabajos en el campo de la meteorología se vieron auxiliados por la invención de aparatos como el rawinsonde o radiosonda, descritos más adelante, que hizo posible la investigación de las condiciones atmosféricas a altitudes muy elevadas. Después de la 1ª. Guerra Mundial, un matemático británico, Lewis Fry Richardson, realizó el primer intento significativo de obtener soluciones numéricas a las ecuaciones matemáticas para predecir elementos meteorológicos. Aunque sus intentos no tuvieron éxito en su época, contribuyeron a un progreso explosivo en la predicción meteorológica numérica de nuestros días.

Observación del clima

La mejora en las observaciones de los vientos a gran altitud durante y después de la II Guerra Mundial suministró la base para la elaboración de nuevas teorías sobre la predicción del tiempo y reveló la necesidad de cambiar viejos conceptos generales sobre la circulación atmosférica. Durante este periodo las principales contribuciones a la ciencia meteorológica son del meteorólogo de origen sueco Carl Gustav Rossby y sus colaboradores de Estados Unidos. Descubrieron la llamada corriente en chorro, una corriente de aire de alta velocidad que rodea el planeta a gran altitud. En 1950, gracias a las primeras computadoras, fue posible aplicar las teorías fundamentales de la termodinámica y la hidrodinámica al problema de la predicción climatológica, y en nuestros días las grandes computadoras sirven para generar previsiones en beneficio de la agricultura, la industria y los ciudadanos en general.

Observaciones desde la superficie

Las observaciones hechas a nivel del suelo son más numerosas que las realizadas a altitudes superiores. Incluyen la medición de la presión atmosférica, la temperatura, la humedad, la dirección y velocidad del viento, la cantidad y altura de las nubes, la visibilidad y las precipitaciones (la cantidad de lluvia o nieve que haya caído).


Para la medición de la presión atmosférica se utiliza el barómetro de mercurio. Los barómetros aneroides, aunque menos precisos, son también útiles, en especial a bordo de los barcos y cuando se usan junto con un mecanismo de registro llamado barógrafo para registrar las tendencias barométricas a lo largo de un cierto periodo de tiempo. Todas las lecturas barométricas empleadas en los trabajos meteorológicos se corrigen para compensar las variaciones debidas a la temperatura y la altitud de cada estación, con el fin de que las lecturas obtenidas en distintos lugares sean directamente comparables.

Para la observación de la temperatura se emplean muchos tipos diferentes de termómetros. En la mayor parte de los casos, un termómetro normal que abarque un rango habitual de temperaturas es más que suficiente. Es importante situarlo de modo que queden minimizados los efectos de los rayos solares durante el día y la pérdida de calor por radiación durante la noche, para obtener así valores representativos de la temperatura del aire en la zona a medir.

El instrumento que se utiliza más a menudo en los observatorios meteorológicos es el higrómetro. Un tipo especial de higrómetro, conocido como psicrómetro, consiste en dos termómetros: uno mide la temperatura con el bulbo seco y el otro con el bulbo húmedo. Un dispositivo más reciente para medir la humedad se basa en el hecho de que ciertas sustancias experimentan cambios en su resistencia eléctrica en función de los cambios de humedad. Los instrumentos que hacen uso de este principio suelen usarse en el radiosonda o rawisonde, dispositivo empleado para el sondeo atmosférico a grandes altitudes.

El instrumento más utilizado para medir la dirección del viento es la veleta común, que indica de dónde procede el viento y está conectada a un dial o a una serie de conmutadores electrónicos que encienden pequeñas bombillas (focos) en la estación de observación para indicarlo. La velocidad del viento se mide por medio de un anemómetro, un instrumento que consiste en tres o cuatro semiesferas huecas montadas sobre un eje vertical. El anemómetro gira a mayor velocidad cuanto mayor sea la velocidad del viento, y se emplea algún tipo de dispositivo para contar el número de revoluciones y calcular así su velocidad.

Las precipitaciones se miden mediante el pluviómetro o un nivómetro.

El pluviómetro es un cilindro vertical abierto en su parte superior para permitir la entrada de la lluvia y calibrado en milímetros o pulgadas, de modo que se pueda medir la profundidad total de la lluvia caída. El nivómetro es también un cilindro que se hinca en la nieve para obtener una muestra. Después se funde ésta y se mide en términos de profundidad equivalente de agua, permitiendo con ello que su medición sea compatible con la de las precipitaciones. Las mediciones de la profundidad de la nieve caída se efectúan con una regla similar a las reglas comunes.

Los recientes avances producidos en el campo de la electrónica han ido acompañados de un desarrollo concomitante en el uso de instrumentos meteorológicos electrónicos. Uno de estos instrumentos es el radar meteorológico, que hace posible la detección de huracanes, tornados y otras tormentas fuertes a distancias de varios miles de kilómetros. Para tales fines, se usan las ondas de radar reflejadas por las precipitaciones asociadas con las alteraciones, que sirven para trazar su curso. Otros instrumentos meteorológicos electrónicos incluyen: el empleado para medir la altura de las nubes y el que se usa para medir el efecto total del humo, la niebla y otras limitaciones a la visibilidad. Ambos instrumentos suministran importantes mediciones para el despegue y aterrizaje de los aviones.

Observaciones en la atmósfera superior

Los métodos modernos de predicción, así como las necesidades de la aviación, exigen que la medición cuantitativa del viento, la presión, la temperatura y la humedad se realicen en la atmósfera libre. Estos datos son recogidos hoy por observadores distribuidos en varios cientos de estaciones dispersas por todos los continentes (sobre todo en el hemisferio norte) y desde unos cuantos barcos dispersos por los océanos.


Para las mediciones rutinarias realizadas en las capas superiores de la atmósfera, los meteorólogos han desarrollado el rawinsonde (radio-wind-sounding device) o radiosonda, que consiste en un instrumento meteorológico ligero capaz de medir la presión, la temperatura y la humedad equipado con un pequeño transmisor de radio de alta frecuencia. El instrumento se sujeta a un globo de helio que lo lleva hasta la atmósfera superior. Las mediciones realizadas por los instrumentos meteorológicos son transmitidas automáticamente y recibidas por una estación en tierra. Un radio detector sigue la dirección del globo mientras éste es arrastrado por los vientos de las capas superiores de la atmósfera y, midiendo la posición del mismo en momentos sucesivos, se puede calcular la velocidad y dirección del viento a diferentes altitudes.

Para obtener datos sobre la atmósfera superior se emplean también aviones, en especial cuando los huracanes o los tifones amenazan con afectar a zonas habitadas. Se sigue la pista a estas peligrosas tormentas tropicales mediante aviones de reconocimiento que se envían para localizar el centro u ojo de la tormenta y realizar mediciones meteorológicas del viento, la temperatura, la presión y la humedad tanto en el interior como en las cercanías de la tormenta.

Los métodos convencionales de observación de la atmósfera superior empiezan a resultar cada vez más inadecuados para hacer frente a las necesidades de los nuevos métodos de predicción numérica. Las teorías modernas sobre la circulación atmosférica hacen cada vez más hincapié en la importancia de la unidad global de la atmósfera, y produce gran preocupación que existan enormes regiones oceánicas que permanecen ignotas en la práctica para los métodos convencionales. Se mantienen, con un coste muy elevado, algunos barcos meteorológicos, pero disponer de ellos en número suficiente para lograr una cobertura apropiada, aunque sólo fuera en el hemisferio norte, tendría un coste prohibitivo.

Uno de los nuevos métodos de mayor éxito para la observación general de la atmósfera ha sido el empleo de satélites artificiales. Los satélites que fotografían de forma automática la Tierra desde órbitas polares, suministran imágenes de los patrones nubosos y las tormentas, una vez al día, a cualquier estación meteorológica equipada para recibir sus transmisiones de radio. Casi todos los servicios meteorológicos importantes del mundo están equipados para recibir estas imágenes, y los países ribereños de los grandes océanos se benefician de la capacidad para mantener una vigilancia continua de las tormentas que amenazan a sus costas.

Los sensores de infrarrojos permiten determinar la temperatura de la parte superior de las nubes, y de esta forma hace posible estimar la altitud aproximada de los sistemas nubosos de la atmósfera. Otros satélites en órbita polar han demostrado que pueden obtenerse imágenes de alta resolución de los sistemas tormentosos durante la noche por medio de la luz infrarroja. Hoy se fotografían de modo continuo los patrones climáticos de más de la mitad de la Tierra desde satélites situados en órbitas geoestacionarias sobre puntos predeterminados del ecuador a una altitud de unos 35.400 kilómetros.

Por desgracia, los patrones fotográficos suministrados por los satélites tienen una utilidad limitada para los métodos modernos de predicción meteorológica, que se basan en el empleo de mediciones de la temperatura y la presión en el interior mismo de la atmósfera. Se están realizando grandes esfuerzos en la investigación de nuevos métodos para recoger datos sobre la atmósfera superior en todo el mundo. Una de las propuestas en estudio es la Técnica de Sondeo Horizontal Global (Global Horizontal Sounding Technique, GHOST), que combinaría una red general de globos de flotación libre equipados con instrumentos y los datos obtenidos por los satélites para recopilar la información necesaria.